jueves, 16 de junio de 2016

Música comprimida

Una de las formas de tratar la hiperacusia es mediante música, ya sea como la herramienta para realizar la terapia sonora, o como parte del enriquecimiento sonoro. Pero para que ésta sea efectiva debe escucharse una gran variedad de obras (y estilos), ya que si nos limitamos a un número reducido de obras no estaremos estimulando adecuadamente todo el espectro de frecuencias.

El ruido rosa que pongo a vuestra disposición no presenta ese problema, pues ya abarca todo el espectro de frecuencias audible por el ser humano (aunque las frecuencias agudas están menos presentes por las características propias de este tipo de ruido). Pero no ocurre así en una obra musical, en la que se estimulan más aquellas frecuencias armónicas a la tonalidad en la que está escritas, se estimulan más aquellas frecuencias que corresponden a la afinación según el sistema temperado igual, y se estimulan más aquellas frecuencias propias de los instrumentos que aparecen en ella. Por este motivo, la música más apropiada para tratar la hiperacusia es la música para grandes orquestas, música que abarca un amplio espectro de frecuencias en las que podemos encontrar desde los sonidos más graves de la tuba o el contrabajo, a los más agudos como el de un pícolo o un glockenspiel. Y si disponemos de obras en diferentes tonalidades, pues mejor aún.

Pero aunque el ruido rosa es el sonido más efectivo para tratar la hiperacusia, por sí solo es insuficiente. Quien tiene hiperacusia debe exponerse a todo tipo de sonidos, como ya se ha comentado en el apartado de enriquecimiento sonoro. Además, la música tiene una propiedad que ningún otro sonido tiene, y es la de producir sensaciones de placer y alegría, lo que ayuda a la plasticidad del cerebro. El ruido rosa o los sonidos de la naturaleza jamás podrán ponernos la piel de gallina como puede hacerlo una canción de nuestro grupo favorito. No nos debe extrañar, por lo tanto, que la música se utilice en los protocolos para tratar la misofonía causada por la hiperacusia.

Ahora bien, una vez contamos con una buena colección de música se nos presenta un problema con el que los hiperacúsicos tenemos que lidiar. Y este problema es el diferente volumen al que se encuentran multitud de pistas de sonido. En una persona sana esto se reduce a la incomodidad de tener que ajustar el volumen a menudo para poder escuchar la música al volumen deseado, pero en una persona con hiperacusia conlleva principalmente dos inconvenientes. En primer lugar, nos podemos ver sorprendidos con un volumen más alto de lo que nuestra tolerancia permite, lo que puede causarnos molestias en los oídos. En segundo lugar, el estrés que produce el estar ajustando continuamente el volumen unido al miedo a encontrarse con un volumen demasiado alto para nosotros no es nada apropiado para superar nuestra dolencia.

El volumen no es solo un problema entre diferentes pistas de diferentes estilos, intérpretes, o álbumes. Lo puede ser también dentro de una misma obra musical. El ejemplo más claro de esto es la música para orquesta, en la que el juego contínuo con la dinámica es prácticamente omnipresente. Hasta que nuestra hiperacusia no mejore lo suficiente conviene evitar el susto asegurado al pasar de forma inesperada de un pianissimo a un fortissimo. Y cómo evitarlo es el propósito de este post.

La forma de solucionar el problema con el volumen mencionado anteriormente es mediante la compresión de sonido. No hay que confundir con la compresión de la información requerida para reproducir un sonido almacenado en un archivo digital, por ejemplo, un mp3. Antes de entrar en detalle sobre en qué consiste este tipo de compresión debemos explicar el concepto de rango dinámico.

El rango dinámico de un sonido, explicado sin usar términos técnicos, es la diferencia entre el volumen más alto y el más bajo que contiene ese sonido. Por tanto, una obra musical con un rango dinámico muy grande puede contener al mismo tiempo sonidos muy altos y muy bajos, y además podrá contar con múltiples niveles de volumen entre esos dos extremos. Esto es lo que ocurre con las obras de música clásica, en las que es posible escuchar sonidos prácticamente inaudibles para pasar de repente al estruendo.

La compresión de sonido es el proceso mediante el cual se reduce el rango dinámico de un sonido. Por tanto, la diferencia entre el sonido más alto y más bajo se ve reducida, de forma que en una obra musical, al pasar de un pasaje silencioso a uno más alto, la diferencia en volumen de ese salto es menor. La forma en la que se realiza esta reducción del rango dinámico conlleva también una reducción del volumen global, por lo que durante la compresión se aplica una ganancia en la señal de salida para compensar esa disminución del volumen global.

La compresión es utilizada ampliamente en las emisoras de radio musicales o en las de TV. Ese el motivo de que nunca tengas que ajustar el volumen de la radio aunque estén emitiendo canciones de diferentes artistas, discos, estilos y épocas.

No debe confundirse la compresión con la normalización, otro concepto habitual en el campo de sonido profesional, que consiste en ajustar el volumen más alto de un sonido a un determinado valor, manteniendo intacto el rango dinámico del sonido.

No conozco ningún reproductor de música portátil o equipo de música que tenga la capacidad de comprimir la música. También he mirado una larga lista de reproductores de música para móviles y esta característica tampoco aparece, al menos en las versiones gratuitas. Respecto a los reproductores de música para ordenador, sí he encontrado algunos que tienen la opción de normalizar el sonido, pero como ya he explicado anteriormente, la normalización no consigue que diferentes pistas de sonido suenen al mismo volumen (aunque en algunos casos puede dar esa sensación). Lo único que puede conseguir es que el volumen más alto de diferentes pistas sea el mismo valor.

Seguramente habrá otros, pero el único reproductor que he conocido capaz de hacer compresión de sonido (y además, muy bien hecha) es Winamp, gracias a la característica que le ha diferenciado del resto de reproductores de música, la de poder extender su funcionalidad a través de plug-ins (pequeños programas que funcionan dentro de otros programas para prestar una determinada funcionalidad).

Existían diversos plug-ins para Winamp que comprimían el sonido. Yo definitivamente me quedo con Audio Stocker Pro, ya que para mí es el que hace una mejor compresión, prácticamente no te das cuenta de que el rango dinámico ha sido alterado. Para instalarlo basta con copiar los archivos (que podéis descargar aquí) en la carpeta "Plugins", que se encuentra dentro de la carpeta donde tengáis instalado Winamp.

Una vez habéis copiado el plug-in, iniciáis Winamp y vais a "Preferencias" desde el menú contextual o pulsando Ctrl+P. En el apartado de Plug-ins DSP/Effect deberíais encontrar el plug-in dsp_audiostocker.dll. Lo seleccionáis y con la configuración por defecto ya está listo para funcionar, pero yo os recomiendo que pulséis sobre el botón "Configure active plug-in" y dejéis esta configuración:



Configuración de audiostocker_pro


Hecho esto, ahora nos encontramos con el inconveniente de que solo podemos escuchar la música desde el ordenador, lo que en muchos casos puede ser un problema. Pero también hay solución a esto. Con el plug-in File Writer podéis convertir la música a la que se le ha aplicado ya la compresión de sonido, a archivos de sonido en diferentes formatos de audio como wav o mp3. De esta forma podéis exportar la música con compresión a cualquier reproductor. Se instala de la misma forma que el plug-in anterior. Pero para configurarlo, tenemos que ir a "Preferencias", y al apartado de Output de Plug-ins. Para configurarlo lo seleccionáis y pulsáis sobre el botón "Configure".


Configuración de FileWriter


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