viernes, 17 de junio de 2016

Tratamiento de la hiperacusia con terapia sonora

La terapia sonora para tratar la hiperacusia es una terapia de desensibilización auditiva, de reeducación del cerebro para que no interprete como sonidos altos, molestos y/o dolorosos, sonidos que no lo son para una persona sana. La terapia sonora funciona gracias a la plasticidad cerebral, esto es, la capacidad del cerebro para tejer nuevas redes neuronales en función de los estímulos externos que recibe.

Existen diferentes variantes sobre cómo realizar la terapia sonora pero todas están basadas en la misma idea: escuchar sonidos de banda ancha e incrementar de forma progresiva el tiempo de exposición y/o el volumen a medida que la tolerancia al sonido mejora. Voy a explicar el tratamiento que he creado yo y el que desde mi experiencia mejor ha funcionado. Sin embargo, cada caso particular y las circunstancias que lo rodean pueden hacer conveniente realizar algunas modificaciones para adaptarlo a vuestras necesidades. A lo largo de este artículo y junto al resto de artículos del blog trataré de proporcionar la base de conocimiento para que, en caso de que sea necesario, podáis personalizar el tratamiento. Por otra parte, al final de este apartado he incluido otras formas de realizar la terapia con el fin de que encontréis la que mejor os funcione.

Los principios sobre los que se sustenta mi método para tratar la hiperacusia son los siguientes:
  • Control contínuo de la exposición al sonido. 
  • Exposición progresiva a aquellos sonidos que nos resultan intolerables. 
  • Tratamiento del componente psicológico (misofonía / fonofobia)

Control contínuo sobre la exposición al sonido.

Hay que tomar las medidas necesarias para controlar la cantidad de sonido a la que nos exponemos en el día a día evitando en todo momento y en la medida de lo posible caer tanto en la sobreprotección como en la sobreexposición. Exponer sin control a los oídos a más sonido del que pueden tolerar provocará recaídas y dejará los oídos doloridos y más sensibles. Abusar del silencio y la protección auditiva o dejar de escuchar ciertos sonidos impedirá adaptarse a ellos y la sensibilidad empeorará. Se trata, pues, de evitar caer en los dos extremos y proporcionar al cerebro el mejor entorno sonoro posible para que la plasticidad cerebral tenga lugar.

Este es el principal elemento diferencial de mi método con respecto a otras alternativas sobre cómo realizar el tratamiento de la hiperacusia, en las que no existe ninguna indicación al respecto más allá de las vagas recomendaciones de evitar ruidos intensos y el abuso de protección auditiva. El control contínuo de la exposición al sonido proporciona una recuperación más rápida (obteniendo resultados a veces en tan solo unos pocos días), frente al resto de enfoques sobre cómo tratar la hiperacusia como la TRT, con la que varias personas admiten no haber experimentado ninguna mejoría en los 6 primeros meses de tratamiento. Además, evita gran parte de los síntomas relacionados con la hiperacusia como dolor intenso, taponamiento de oídos, o distorsión del sonido, los cuales pueden ser muy difíciles de sobrellevar. Sin embargo, tiene el inconveniente de que, especialmente en los casos de hiperacusia severa, encontrar el equilibrio entre la sobreprotección y la sobreexposición requiere mucho sacrificio y disciplina, e incluso dependiendo del entorno sonoro en el que se mueve el sujeto y sus circunstancias personales, puede ser impracticable. Si este es el caso, se recomienda optar por otras formas de realizar la terapia como la PET.


Exposición progresiva a aquellos sonidos que nos resultan intolerables. 

Para recuperarse de la hiperacusia no basta con un control contínuo sobre la exposición al sonido. Este solo nos garantiza que no vamos a empeorar, pero necesitamos algo que nos permita mejorar, y es aquí donde entra la terapia sonora propiamente dicha. Para mejorar la tolerancia al sonido hay que exponerse de forma controlada y progresiva a los sonidos que nos resultan intolerables, ya sea porque están por encima de nuestro nivel de tolerancia, o porque su componente frecuencial nos es más difícil de soportar, o porque los sonidos nos provocan determinados síntomas. Si el control contínuo sobre la exposición al sonido nos proporciona el entorno adecuado para que la plasticidad cerebral tenga lugar, la exposición progresiva a sonidos intolerables nos proporciona los estímulos adecuados para que la plasticidad cerebral ocurra. Son los mensajes que el cerebro va a recibir indicándole que debe trabajar para adaptarse a esos estímulos, mejorando así el nivel de tolerancia al sonido.

Para entenderlo mejor podríamos equiparar la terapia sonora con lo que ocurre cuando un gimnasta desea mejorar su flexibilidad para poder realizar, por ejemplo, una apertura completa de piernas. Si el gimnasta tratara de abrir completamente sus piernas sin tener la flexibilidad apropiada para ello se causaría un enorme daño. Recuperarse de ese daño le llevaría un tiempo, durante el cuál nuevos intentos de realizar el ejercicio no harían más que agravar la situación. Esta situación llevada a la hiperacusia podría compararse a la que se produce cuando una persona con hiperacusia trata de exponerse a sonidos para los que su cerebro todavía no ha sido entrenado para tolerar, y por tanto se produce una sobreexposición. El cerebro ha quedado expuesto a una cantidad de sonido que no puede manejar, que interpreta como una amenaza y reacciona provocando una serie de síntomas como dolor intenso, taponamiento y mayor sensibilidad auditiva. Ahora el cerebro necesita un tiempo para recuperarse, durante el cuál nuevos intentos de exponerse a sonido incluso más bajos que los que provocaron la sobreexposición solo agravarán aún más los síntomas. Por el contrario, un gimnasta que dejara de realizar ejercicios para mantener la flexibilidad adquirida iría perdiendo con el paso del tiempo esa flexibilidad, y dejaría de ser capaz de realizar el ejercicio. Llevado a la hiperacusia, si por el motivo que sea privamos a nuestros oídos de escuchar ciertos sonidos y ciertas intensidades caeríamos en la sobreprotección, nuestro cerebro se acomodaría a la intensidad máxima a la que nos hemos limitado y con el tiempo produciría una mayor sensibilidad al sonido. Finalmente, si el gimnasta dedica un tiempo todos los días a abrir sus piernas solo un poco más de lo que su flexibilidad le permite, sin pasarse para no hacerse daño, pero sin quedarse corto para que su cuerpo no se acomode, acabará con el tiempo siendo capaz de abrirse completamente de piernas. El cerebro responde contínuamente a los estímulos que recibe y si estos no son inmanejables, si no son interpretados como una amenaza, trabajará para adaptarse a ellos. Así pues, a base de exponer cada día a los oídos a sonidos con un volumen y tiempo de exposición que suponen un esfuerzo tolerar para nuestro cerebro, éste empieza a tejer nuevas redes neuronales para adaptarse a esos sonidos y ser capaz de escucharlos de nuevo sin tener que reaccionar con dolor y otros molestos síntomas. Pero si durante este proceso se expone a los oídos a más sonido del que puede tolerar, o se priva a los oídos de escuchar la cantidad de sonido apropiada, se estará destruyendo el entorno adecuado para que la plasticidad cerebral tenga lugar y nos podamos recuperar de la hiperacusia.


Tratamiento del componente psicológico (misofonía / fonofobia)

La hiperacusia es real, no es un trastorno psicológico. Sin embargo, sí puede tener un componente psicológico cuyo peso es tal que de no tratarlo podría echar por tierra todo el trabajo realizado por la terapia sonora. Este componente psicológico es principalmente el causado por la misofonía y/o la fonofobia (de las que se hablará en detalle más adelante), pero tiene que ver con cualquier estado psico-emocional negativo.

En hiperacusia leve, donde el impacto sobre la vida de la persona es menor, el aspecto psicológico no es tan determinante, pero desde mi punto de vista, cualquier terapia sonora para tratar la hiperacusia que no incluya un tratamiento sobre el componente psicológico tiene muchas probabilidades de acabar en fracaso. Debido a que la mayoría de los tratamientos de hiperacusia que he encontrado descuidan este punto y se limitan a dar unas breves instrucciones para escuchar sonidos de banda ancha, el tratamiento del componente psicológico es otro de los aspectos más importantes de mi método.

Terapia sonora


El sonido más recomendado para realizar la terapia sonora es el ruido rosa. Hay otro tipo de sonidos también perfectamente válidos para la terapia sonora como los sonidos de la naturaleza (olas de mar, lluvia, ríos, cascadas,...) o música para orquesta. La ventaja de estos sonidos respecto al ruido rosa es que son más agradables y más fáciles de escuchar, aunque son sonidos de banda más estrecha. Sin embargo, la música cuenta con la posibilidad de provocar respuestas emocionales positivas, algo que puede ser muy útil para tratar la misofoía y la fonofobia, y que no vamos a encontrar en el ruido rosa. En algunos casos, y especialmente al principio, no todo el mundo tolera bien el ruido rosa, con lo que este tipo de sonidos pueden ser una buena alternativa.

Las recaídas (pérdida de la mejora conseguida en cuanto a nivel de tolerancia) son frecuentes. Por ello, quien padece hiperacusia debe centrar sus esfuerzos no solo en mejorar su tolerancia a los sonidos, sino también en que no empeore. El objetivo debe ser tratar de llegar al final del día con nuestros oídos lo más parecido posible a cómo se encontraban al empezar el día. Una de las medidas fundamentales para evitar que la hiperacusia empeore es el uso de protección auditiva (tapones o cascos) para aquellas situaciones en las que estamos rodeados de sonidos muy altos o por encima de nuestro nivel de tolerancia. Sin embargo, hay que usar la protección auditiva correctamente, ya que su abuso a medio/largo plazo agrava la hiperacusia. En el artículo Protección auditiva encontraréis información sobre cómo usarla correctamente. También es importante saber aprovechar el reposo nocturno para que después de un día de exposición contínua nuestros oídos fatigados estén preparados para el día siguiente. Para ello es importante no dormir en silencio, veremos este punto en detalle más adelante.

Podéis descargar una pista de ruido rosa de alta calidad y en formato wav en la sección de Descargas. Tiene solo una duración de 1 hora, pero podéis configurar vuestro reproductor para que repita la misma pista una y otra vez y así conseguir más tiempo. Si es necesario podéis convertirla a mp3, pero hay que hacerlo preferiblemente con la máxima calidad (320 Kbps), y en cualquier caso, no inferior a 256 Kbps. Esto es debido a que una compresión pobre eliminará muchas frecuencias y modificará la señal de forma que la estimulación auditiva será menos eficaz. Por tanto, no es recomendable usar ruido rosa descargado de sitios como YouTube, dónde la compresión de audio no es la óptima para la terapia sonora, o cualquier otro sitio dónde no sepáis con seguridad la calidad del mismo.

Como alternativa a la pista de ruido podéis usar la aplicación gratuita para móviles Android que he desarrollado llamada H & T Sound Therapy. Se trata de un reproductor de ruido de banda ancha que permite escoger diferentes tipos de ruido con las mismas características que las pistas por separado que pongo a vuestra disposición, o bien reproducir vuestra propia pista de sonido en bucle. La app cuenta con un control de volumen fino que permite ajustar con alta precisión el volumen que mejor se adapte a vuestras necesidades, incluso para casos de hiperacusia crítica. También dispone de un control de balance estéreo que os permitirá equilibrar el sonido en caso de que exista una diferencia de capacidad auditivia entre los dos oídos. Por último, ofrece la posibilidad de ecualizar el sonido, lo cual puede ser muy útil para trabajar la tolerancia de frecuencias específicas.

La terapia sonora debe escucharse con altavoces o auriculares de alta fidelidad para que reproduzcan bien todo el espectro frecuencial del sonido y no irriten los oídos. No es necesario disponer de equipos caros pero sí es importante que tengan un mínimo de calidad de sonido, en general debería servir cualquier equipo cuyo sonido no irrite nuestros oídos y nos sintamos cómodos. En el caso de los altavoces, es recomendable colocarnos entre los dos altavoces como si fueran unos auriculares, aproximadamente a 1,5 metros de distancia de los oídos. En el caso de auriculares, es importante que no aislen del ruido y permitan escuchar el sonido ambiente además del sonido de los auriculares, como por ejemplo, unos simples auriculares de botón o unos auriculares supraaurales abiertos. También es preferible que tengan una respuesta en frecuencias lo más plana posible, es decir, que no tengan los graves o los agudos excesivamente acentuados.

Hay quien considera que los auriculares son más eficaces que los altavoces y viceversa. Mi opinión es que lo mejor es una combinación de los dos, si bien dependiendo de nuestra severidad y nuestro caso particular en ocasiones puede ser más conveniente uno que otro. En casos de severidad alta los auriculares pueden sonar excesivamente altos incluso al volumen mínimo que permite el reproductor, que varía en cada uno de ellos. Los auriculares parecen estimular mejor el sistema auditivo pero hay que tener cuidado con ellos si el tiempo de exposición es largo. Hay que tener también en cuenta que la diferencia de volumen entre un punto y el siguiente se percibe mucho más alta con auriculares que con altavoces. Un inconveniente de los altavoces es que nos restan movilidad y pueden obligarnos a permanecer en el mismo lugar durante un periodo largo de tiempo. En cualquiera de los dos casos, el volumen máximo nunca debe superar los 85 dB.

Es recomendable escuchar el ruido rosa con ecualización plana y con el refuerzo de graves al mínimo. Sin embargo, si notamos que determinadas frecuencias nos resultan especialmente molestas podemos probar a ajustar la ecualización.

Debemos escuchar el sonido en ambos oídos, aunque la hiperacusia sea unilateral. Los dos oídos deben escuchar lo mismo, al mismo volumen. Por lo tanto, si tenemos una diferencia de pérdida auditiva significativa entre ambos oídos debemos ajustar el balance estéreo del reproductor para equilibrar el volumen. Otra posibilidad es ajustar el balance modificando el archivo wav original con un editor de audio como Audacity.

Divido la terapia en dos partes, la de corta duración y la de larga duración. Ambas deben realizarse todos los días. El sonido que escuchamos nunca nos debe producir dolor o provocar que los oídos se vuelvan mucho más sensibles al sonido. Sí es posible notar algunas molestias que hay que ignorar, pues forman parte del proceso de reentrenamiento auditivo. También es normal, especialmente en la terapia de corta duración, en aquellos que también tengan acúfenos, que al finalizar la sesión los acúfenos hayan aumentado de volumen, pero bajarán en poco tiempo al dejar descansar a los oídos.

La terapia de corta duración consiste en una sesión diaria de 10 minutos de ruido rosa. En ella nos vamos a exponer a un volumen un poco por debajo del límite de nuestra tolerancia. Esta terapia corta es especialmente útil en hiperacusia severa, ya que al ser tan corta es más fácil de tolerar y permite usar un volumen más alto que otras terapias con una duración mayor, lo que facilita adaptarse antes a los sonidos cotidianos del día a día. Debido a que en esta terapia sometemos a los oídos a un volumen cercano al límite de tolerancia, hay que hacerla cuando nuestros oídos están descansados. Si no lo están, hay que acortar su duración cuanto sea necesario, o incluso suspenderla si los oídos están muy sensibles.

Lo primero de todo es encontrar el volumen con el que vamos a empezar la terapia. Para ello, buscamos un volumen alto pero que al mismo tiempo nos resulte soportable. Puede ocurrir que a los 3 minutos empecemos a notar dificultades para seguir, lo que indica que el volumen es demasiado alto. Si nos vemos obligados a hacer reposo tras finalizar la terapia, es otro indicador de que el volumen está demasiado alto. Debemos encontrar, a base de prueba y error, el volumen más alto que nos permite realizar la sesión completa de forma que al acabar nos sintamos cómodos y con la sensación de que podríamos seguir algunos minutos más.

Una vez que hemos conseguido escuchar la sesión completa con comodidad, seguimos con el mismo volumen 3 días más para asentarlo, y al cuarto día lo subimos un punto. El tiempo que puede llevar poder escuchar la sesión completa con comodidad es indeterminado, puede ser un día o pueden ser varios, así que la cifra de 3 días solo es una referencia.

Si durante el transcurso de la sesión sentimos que el volumen está demasiado alto y surge en nosotros el deseo de terminar cuanto antes lo mejor es abortar la sesión, ya que tratar de completarla podría dejarnos los oídos muy sensibles y provocarnos una recaída. Al día siguiente volvemos a intentarlo tratando al menos de estar más tiempo que el día anterior.

Durante la sesión debemos realizar alguna actividad compatible que nos mantenga distraídos, con el foco puesto en otra cosa que no sean nuestros oídos. Debemos oír el ruido rosa, pero no escucharlo. Estar contínuamente pendiente de nuestros oídos, de nuestro progreso, o tener miedo a hacernos daño durante la terapia, es altamente perjudicial para nuestro propósito.

Por lo que respecta a la terapia de larga duración, la forma de proceder es análoga a la de corta duración. Si el propósito de la terapia de corta duración es el de entrenar al cerebro a soportar los sonidos más altos, el de larga duración es el de entrenar al cerebro a soportar tiempos de exposición.

Se puede empezar con 30 minutos y aumentar el tiempo progresivamente hasta alcanzar 2 horas seguidas. El tiempo se puede aumentar en pasos de 5/10 minutos o más. A diferencia del volumen que hay que usar en la terapia corta, en esta ocasión no debe estar cercano a nuestro límite de tolerancia. El volumen debe ser el más alto que sea confortable y que nos permita acabar los 30 minutos iniciales con comodidad. Si aparece dolor o empezamos a notar que los oídos se están volviendo más sensibles bajamos el volumen o abortamos la sesión. En caso de que esto ocurra, al día siguiente debemos seguir con el mismo tiempo hasta que se pueda soportar bien. Una vez que se alcanzan las 2 horas, se sube el volumen un punto y se vuelve a empezar con 30 minutos.

A medida que avancemos en el restablecimiento de la tolerancia normal al sonido llegará un momento en el que el volumen utilizado con auriculares será demasiado alto incluso para realizar la terapia corta. A falta de un método fiable para conocer cuántos decibelios estamos escuchando con auriculares y no superar el límite de los 85 dB, sabremos que ha llegado ese momento porque el volumen nos parecerá peligrosamente alto incluso para una persona sana. Quien tenga hiperacusia leve/moderada debe tener en cuenta que puede llegar a este punto en relativamente poco tiempo desde el inicio de la terapia, o incluso puede que no sea necesario realizar la terapia corta y pueda pasar directamente a la de larga duración.

A partir de este momento el progreso que podemos conseguir subiendo el volumen ha llegado a su límite. Sin embargo, notaremos que aún nos puede quedar mucho camino por recorrer para recuperar la tolerancia normal al sonido. Por lo tanto, el siguiente paso es trabajar únicamente con el tiempo de exposición. Si bien podemos continuar haciendo la terapia corta (sin subir más el volumen) a modo de mantenimiento, ahora nos vamos a centrar solo en la terapia de larga duración. El objetivo es pasar de forma progresiva de las 2 horas a, al menos, 8 horas diarias preferiblemente seguidas. Obviamente esto solo es posible hacerlo con auriculares, por la falta de movilidad que supone hacer la terapia con altavoces. El volumen máximo que ajustemos debe ser aquel que nos permita mantener una conversación sin problemas, lo que en la práctica no supera los 60 dB.

El uso de auriculares durante tantas horas puede suponer un inconveniente en función de nuestro trabajo o nuestro tiempo disponible. Los auriculares de botón son una buena solución para poder realizar la terapia de larga duración, son suficientemente cómodos para poder llevarlos durante varias horas seguidas y son menos llamativos que los auriculares de diadema. He tenido una buena experiencia con este modelo. Otras opciones pueden ser fragmentar el tiempo de la terapia, hacer menos horas seguidas pero a un volumen un poco más alto, o hacerse con unos generadores de sonido portátiles, que tienen la apariencia de audífonos, como por ejemplo, los GHI Tranquil. El inconveniente de esta última opción es que su precio es elevado.

Otras variantes para realizar la terapia sonora son estas:
-PET (Progressive Ear Therapy)
-Terapia con ruido rosa de la Hyperacusis Network
-Terapia sonora en campo abierto.

Enriquecimiento sonoro


El enriquecimiento sonoro consiste en exponer al oído a una extensa variedad de sonidos agradables y que no supongan un desafío para nuestros oídos las 24h del día, incluso mientras dormimos. Esta es una parte esencial del tratamiento de la hiperacusia que no debe ser descuidada.

El silencio prolongado es perjudicial incluso para una persona sana. De la misma forma que los ojos reaccionan ante la oscuridad modificando el diámetro de la pupila y alterando la sensibilidad de los bastones de la retina para permitir una mejor visibilidad, el sistema auditivo amplifica la señal sonora en un ambiente silencioso para escuchar mejor. Y de la misma forma que si una persona permanece en la oscuridad durante mucho tiempo necesitará un periodo de adaptación para volver a ser capaz de ver un día soleado, algo parecido ocurre con quienes han permanecido mucho tiempo en silencio o escuchando sonidos muy bajos. Por este motivo, las personas con hiperacusia con más razón, deben evitar el silencio. Y esto es algo muy difícil de entender, ya que antes las molestias y dolor que causa el sonido en las personas con hiperacusia, los oídos no hacen más que pedir silencio, un volumen muy cómodo para su nivel de tolerancia, o el uso de protección auditiva. Y hacerles siempre caso no hará más que empeorar la hiperacusia.

Así pues, la hiperacusia se trata estimulando al oído con sonido, y el silencio va justo en el sentido contrario, por lo que retrasa la recuperación. Sin embargo, tampoco hay que tomar esta medida al pie de la letra, ya que tras una sobreexposición, en ocasiones puede ser recomendable dejar descansar a los oídos en silencio durante un tiempo.

Los sonidos más apropiados para el enriquecimiento sonoro son los de la naturaleza y la música. También es recomendable exponerse al ruido ambiente de la calle si la severidad de la hiperacusia, el nivel de ruido y las condiciones meteorológicas lo permiten. En general, es bueno estimular a los oídos con todo tipo de sonidos siempre que éstos no nos provoquen aversión o miedo, o provoquen que los oídos se vuelvan más sensibles. No hay ningún problema en seguir utilizando ruido rosa además del tiempo dedicado en la terapia.

El enriquecimiento sonoro debe hacerse siempre a un volumen confortable, no importa lo bajo que éste sea. Es preferible dormir con un volumen prácticamente inaudible a dormir en silencio. Si bien, si el sonido tiene significado, como los diálogos de la TV o la música con letra, es conveniente que el volumen sea lo suficientemente alto de forma que no se fuerce al cerebro a amplificar la señal auditiva para entender ese significado.

Para sonidos de la naturaleza algunas de las opciones que podéis usar son:
-Aire Freshener (Software gratuito)
-Natura Sound Therapy
-Colección de CD's de "Echoes of Nature"

Recaídas


Sin duda la recaída es de lejos el factor que más alarga la recuperación, ya que supone un retroceso en la mejora conseguida que hay que volver a recuperar. Las recaídas forman parte del proceso de recuperación, entre otros motivos, porque es absolutamente imposible controlar pernanentemente todos los sonidos a los que nos exponemos (aunque a medida que nuestra hiperacusia mejore la probabilidad de recaer se verá reducida). Por lo tanto, es muy importante saber reaccionar cuando se produce una recaída. Voy a dar algunos consejos que pueden ayudar a superarlas sin perder la mejora conseguida.

Lo primero que hay que hacer cuando se produce una recaída es dejar descansar a los oídos, quedarse en silencio o usar protección auditiva hasta que las sensaciones de dolor, sensibilidad al sonido y acúfenos altos hayan desaparecido o al menos disminuido lo suficiente. El tiempo que dura este reposo en silencio varía según la gravedad de la recaída, pero en general no debería durar más de unas pocas horas. Una vez transcurrido ese tiempo, si los oídos todavía muestran signos de sensibilidad y/o dolor, debemos continuar el reposo exponiéndonos a sonido a un volumen muy bajo, casi inaudible si es necesario. En mi caso, me ha funcionado muy bien realizar reposo usando auriculares, ruido rosa, y un volumen bajísimo. De nuevo, este reposo con sonido muy bajo no debería durar más de unas pocas horas.

Una vez transcurrida la fase de reposo no es nada raro encontrarse con los oídos todavía algo sensibles y doloridos, incluso pidiendo a gritos más silencio. Sin embargo, sería un error seguir aislándose del sonido, ya que eso empeoraría la recaída. A partir de aquí hay que exponerse al volumen que conseguimos alcanzar antes de la recaída, tanto durante la terapia como durante el enriquecimiento sonoro. Lo que puede ocurrir entonces es que a) Notamos que podemos aguantar bien el volumen durante bastante tiempo, y por tanto prácticamente se ha superado la recaída. b) El volumen no nos parece insoportable o más alto de lo que podemos tolerar, pero notamos que en muy poco tiempo el oído muestra signos de fatiga o sensibilidad y nos vemos obligados a hacer reposo. c) El volumen nos suena insoportable desde el principio y no nos queda más remedio que bajarlo. En el segundo caso, la forma de proceder para superar la recaída es la de ir combinando reposo con tiempos de exposición a ese volumen, o bajándolo como mucho un par de puntos si fuera necesario. En el tercer caso, la forma de proceder es idéntica a la del segundo, solo que hay que bajar el volumen lo imprescindible hasta que lo notemos soportable.

La regla de oro para superar una recaída es no dejar de escuchar el volumen que hemos conseguido tolerar antes de la recaída, ya que si a cada recaída que tenemos volvemos a empezar desde el principio, corremos el riesgo de entrar en un círculo vicioso del que no saldremos nunca. Es complicado entender esto porque los oídos están doloridos, fatigados, sensibles, y para aguantar lo que se podía aguantar antes de la recaída piden bajar el volumen de forma considerable, pero es justo lo que no hay que hacer. Lo que sí hay que hacer es limitar el tiempo de exposición siempre que los oídos lo pidan, ya que de lo contrario la recaída se agravará. Combinando estas exposiciones cortas con reposo y con paciencia, al final los oídos volverán a donde estaban y podremos seguir avanzando en nuestra recuperación.

Con este método, recuperarme de una recaída me ha llevado desde un par de días, a un par de semanas, pero el tiempo que lleve depende de muchos factores, y fácilmente puede alargarse mucho más tiempo.

Quizá lo más complicado de manejar al tratar de recuperarse de una recaída es el estrecho margen que tenemos entre el volumen que podemos aguantar y el comienzo de las sensaciones de sensibilidad o fatiga, que nos piden sin cesar más silencio o bajar el volumen. Por ese motivo, es fácil excederse en la exposición o en la protección, alargando así el tiempo de recuperación de la recaída.

Otro punto a destacar para superar una recaída es tener la paciencia de renunciar de nuevo a aquellas actividades o situaciones que ya habíamos conseguido tolerar con tanto esfuerzo, pues actuar como si la recaída no se hubiera producido solo puede acabar en un empeoramiento de nuestra hiperacusia.


Errores comunes


  • Sobreprotección. Es quizá el error más común, del que ya se ha hablado en la sección anterior. Algunos sonidos nos molestan, nos hacen recaer y perder la mejora que tanto cuesta conseguir. Los oídos nos duelen y con silencio dejan de doler. Así que casi sin darnos cuenta empezamos a usar tapones de forma indiscriminada. Evitar de forma continuada una determinada intensidad de un sonido nos volverá más sensibles a ese sonido. La sobreprotección puede agravar la hiperacusia casi tanto como la sobreexposición. No hay que olvidar que también es posible sobreprotegerse no usando protección auditiva, pero permaneciendo de forma prolongada en ambientes excesivamente silenciosos.

  • Sobreexposición. Que los sonidos por encima de nuestro nivel de tolerancia pueden agravar la hiperacusia es un hecho y por lo tanto hay que tomar medidas para protegerse de ellos mediante protección auditiva o simplemente evitando esos sonidos. No hay que dejar de escuchar los sonidos que nos molestan pero siempre hay que protegerse de los sonidos que nos provocan dolor. No debemos olvidar que también nos podemos sobreexponer con sonidos confortables al principio pero que tras un tiempo de exposición largo empiezan a ser perjudiciales. Hay que encontrar un equilibro entre protección y exposición que a menudo es difícil de conseguir, pero que permitirá reducir el tiempo de nuestra recuperación.

  • Confundir molestias con dolor o algo que se está haciendo mal. El dolor es una señal del cuerpo para avisarnos de que algo va mal y por tanto para que tomemos medidas para solucionarlo. Durante el proceso de reentrenamiento auditivo es normal sentir algunas molestias que en ocasiones pueden ser confundidas como uno de esos avisos del cuerpo, lo que nos lleva a tomar medidas erróneas como evitar aún más la exposición al sonido. Esto ocurre especialmente en las personas con hiperacusia severa, ya que esas molestias pueden llegar a asustar, pero solo son eso, molestias normales que acabarán desapareciendo a medida que se mejore la tolerancia al sonido. Es normal que al principio se produzca esta confusión porque no conocemos cómo se comporta esta dolencia, pero al final se aprende a diferenciar entre uno y otro.

  • Subestimar el miedo y la ansiedad. Es natural que cuanto más tiempo se lleva con hiperacusia, cuantas más recaídas se hayan producido, y cuanto peor sea la severidad de la hiperacusia, más miedo se le empieza a tener a los sonidos y más ansiedad producen. Es decir, se desarrolla misofonía y/o fonofobia.
Es asombroso cómo el miedo puede convertir un sonido inofensivo en algo que nos suena demasiado alto e incluso nos puede hacer recaer. Y además no es fácil darse cuenta uno mismo que ha desarrollado esa forma de hipersensibilidad, pues para nosotros es natural tener una precaución extrema con los sonidos, ya que no queremos volver a recaer o sufrir dolor.

Pero esta actitud es más perjudicial de lo que parece. El miedo y la ansiedad obstaculizan o incluso bloquean la capacidad de recuperación, y por tanto es muy importante prestar atención a este punto ya que pueden hacer que la terapia sonora sirva de poco o nada. Hay que enfrentarse al sonido sin miedo, aunque con precaución, y hay que evitar tener una respuesta negativa hacia los sonidos que nos molestan. Los pensamientos positivos y un estado de ánimo relajado y alegre facilitan la plasticidad cerebral. Por el contrario, las emociones negativas, la preocupación, la tristeza, etc., la entorpecen o la bloquean.

Puede ser de gran ayuda el deporte, la meditación, o cualquier otra alternativa natural para mantener a raya la ansiedad, la preocupación, el insomnio, el miedo, etc. Sin embargo, en ocasiones se hace necesario recurrir a ansiolíticos, antidepresivos, o terapia psicológica.

  • Suspender la terapia hasta que las molestias o el dolor desaparezcan. Ciertamente tras una sobreexposición es conveniente hacer reposo para que los oídos se recuperen, tal como ya se ha comentado en el apartado de recaídas. Pero transcurrido ese tiempo de reposo hay que volver a exponerse a sonido, ajustando el tiempo de exposición cuanto sea necesario. Esperar a que las molestias o el dolor desaparezcan por completo antes de reanudar la terapia es un error sencillamente porque puede que no desaparezcan hasta que la hiperacusia mejore. Y la hiperacusia mejora con sonido, no con silencio.

  • La impaciencia. Recuperarse de la hiperacusia es un proceso bastante largo y debemos ser pacientes y constantes. Es un proceso que lleva su ritmo y no se puede acelerar. Tratar de hacerlo acabará muy probablemente en una recaída, de modo que se conseguirá exactamente el efecto contrario que se pretendía.


Consejos


  • Evitar la exposición a sonidos intensos. No hay que olvidar que el poder de un sonido de hacernos daño reside en tres variables: la intensidad del sonido, el tiempo de exposición al sonido, y las frecuencias del sonido. Nos solemos fijar solo en la primera y es un error. Un volumen moderado durante un tiempo de exposición largo también puede hacer daño. Y un sonido de banda ancha hace más daño que uno de banda estrecha. A partir de 85 dB los sonidos pueden provocar daños irreversibles en el oído interno (primero las células ciliadas externas, luego las internas, y por último, las fibras nerviosas y el ganglio de Corti). El tiempo de exposición seguro va desde las 8 horas para 85 dB a los 8 segundos para 121 dB, reduciéndose el tiempo a la mitad por cada incremento de 3 dB. En un concierto de rock se alcanzan entre 110 y 140 dB. Si es inevitable exponerse a estos niveles hay que usar la protección auditiva apropiada.
Los sonidos por debajo de 85 dB son seguros en el sentido de que no pueden causar un daño irreversible en el oído interno, pero sí pueden empeorar la hiperacusia aquellos con una intensidad superior al UCL. Aún así, ese daño sí es reversible y será posible recuperar la tolerancia al sonido perdida.

  • Evitar el uso de auriculares. Los auriculares tienen la particularidad de que es más difícil darnos cuenta de que el sonido que estamos enchufando a los oídos es muy alto. El sonido está muy cerca del oído y es más fácil hacerle daño. Hay que tener cuidado con el volumen y no olvidar el tiempo de exposición.

  • Evitar llevar tapones muchas horas seguidas. Aparte del riesgo que tiene el abuso de protección auditiva que ya he comentado anteriormente, el llevar tapones muchas horas seguidas cada día puede hacer que los oídos empiecen a doler, aunque solo he notado esto con los tapones que bloquean totalmente el conducto auditivo. Con los tapones con filtro no ocurre.
Pero si nos encontramos en un entorno demasiado ruidoso es preferible llevar tapones durante horas a sufrir recaídas. En estos casos, una solución que me ha dado muy buenos resultados es liberar ligeramente uno de los dos tapones (el del oído menos afectado) de forma que se protege a los oídos al tiempo que permite al cerebro no olvidarse de cómo es escuchar el sonido ambiente. Otra solución es hacer breves descansos de forma periódica.

  • Usar el reproductor disponible con mayor número de niveles de volumen. Algunos reproductores tienen un total de 15 niveles, otros hasta 50. Cuanto mayor número de niveles tenga el reproductor, menor será la diferencia de volumen entre un nivel y el siguiente, lo que significa que cuando nos toque subir el volumen durante la terapia sonora nos será más fácil y menos arriesgado escuchar el nuevo volumen.

  • Usar intrauriculares con cascos protectores encima. Si en el lugar en el que nos encontramos se prevee que haya ruido que nos obliga a usar protección auditiva durante mucho tiempo, una solución para que nuestros oídos sigan siendo estimulados con sonido puede ser colocarnos intrauriculares, que al introducirse en el canal auditivo, permiten que nos coloquemos cascos encima y así ofrecer la protección que necesitamos.

  • Escuchar música comprimida. En este artículo desarrollo ampliamente este consejo.


El método para tratar la hiperacusia es sencillo pero llevarlo a la práctica puede ser bastante difícil. Requiere una alta dosis de paciencia, constancia, sacrificio y compromiso. La hiperacusia es un trastorno muy poco conocido por los profesionales de la medicina y que tiene aún muchas cuestiones sin resolver, lo que nos puede complicar aún más tener éxito en el tratamiento de nuestro caso particular. Sea como sea, no importan los obstáculos que aparezcan en nuestro camino, no debemos tirar la toalla, no debemos rendirnos nunca. Aunque he explicado en detalle cómo realizar el tratamiento os surigán indudablemente nuevas dudas sobre vuestro caso particular. Por todo ello, debemos ser un poco médicos de nosotros mismos, debemos aprender cómo responden nuestros oídos ante el sonido para ajustar correctamente los parámetros de la terapia y personalizarla en caso necesario. Este proceso es normal que lleve un tiempo, así que no os desaniméis si los resultados tardan en llegar. Y si algo no funciona, debemos probar otra cosa, hasta dar con la clave. Porque a pesar de todo, hay esperanza para la hiperacusia.


Última actualización: 12/11/2017

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