viernes, 17 de junio de 2016

Protección auditiva

Para protegerse de los sonidos intensos o por encima de nuestro nivel de tolerancia contamos con tapones o cascos. En el caso de los tapones, existen varios tipos: espuma, silicona, silicona moldeable, moldes hechos a medida, tapones con filtro, tapones para músicos... Cada tapón ofrece diferentes niveles de protección (desde 9 dB hasta 33 dB o más), siendo los de espuma y los de silicona moldeable los que más protección ofrecen.


Algunos son más cómodos de llevar que otros y no todos sirven para todo el mundo. Los tapones que hay que usar van a depender de la severidad de la hiperacusia, de la intensidad del ruido del que nos queremos proteger, de cuánto tiempo los vamos a llevar puestos, de si los podemos llevar correctamente colocados, etc. Debido a que la mayoría de ellos tienen un precio muy asequible, lo mejor es probarlos y quedarnos con aquellos que mejor se adapten a nuestras necesidades. La mayoría de los tapones los podemos encontrar en una farmacia. Para los moldes a medida debemos acudir a un audioprotesista.


Tapones de espuma
Tapones de espuma

En general, se recomienda el uso de tapones para músicos hechos a medida. Los motivos son que atenuan más o menos de forma uniforme todo el espectro frecuencial entre 125 Hz y 8000 Hz, lo que permite una escucha más cercana a como si no lleváramos tapones y solo se hubiera bajado el volumen del sonido exterior. Por otra parte, el hecho de que estén hechos a medida permite llevarlos durante largos periodos de tiempo con absoluta comodidad. Y por último, no obstruyen el paso del aire hacia el conducto auditivo. El inconveniente es su precio, muy superior al resto de tapones, en torno a 180 €, y que la protección máxima que ofrecen, si bien será suficiente para la mayoría, puede ser insuficiente en algunos casos.

Por lo que respecta a los cascos, ofrecen una protección similar a la de los tapones. Si alguien encuentra insoportable llevar algo colocado en el conducto auditivo, los cascos pueden ser una alternativa, aunque no son nada cómodos de llevar durante tiempos prolongados, ya que aplastan las orejas y acaban doliendo. Además, obviamente los tapones son muchísimo más discretos que los cascos. No es lo mismo llevar unos cascos mientras cortas el césped, que llevarlos en un centro comercial mientras haces la compra. Otra ventaja de los cascos es que te los puedes poner y quitar rápidamente, lo que puede ser muy útil en determinados casos.


Cascos protectores de oídos
Cascos protectores de oídos

Al contrario de lo que puede parecer, llevar de forma simultánea tapones y cascos no ofrece una protección igual a la suma de la atenuación que ofrecen los tapones y los cascos por separado. Hay un valor máximo de atenuación que no se puede superar. No en vano, no hay que olvidar que también escuchamos el sonido vía ósea. Aún así, llevar tapones y cascos a la vez nos va a proporcionar mayor protección que llevarlos por separado, lo que dependiendo del sonido al que nos vamos a exponer puede ser de gran ayuda.

Como ya se ha comentado en el artículo Tratamiento de la hiperacusia con terapia sonora, el uso de protección auditiva es un arma de doble filo. La ayuda que proporcionan para evitar recaídas y devolvernos un poco de la calidad de vida que teníamos antes de encontrarnos con hiperacusia los convierten en prácticamente imprescindibles. Sin embargo, su uso indiscriminado puede hacer empeorar nuestra tolerancia al sonido.

El verdadero problema empieza cuando mediante protección auditiva (o sin ella pero evitando todos los entornos ruidosos) dejamos de escuchar una determinada intensidad de sonido de forma reiterada. Esta actitud mantenida en el tiempo lleva a largo plazo a que el cerebro olvide cómo es escuchar esa intensidad de sonido, de forma que el umbral de tolerancia al sonido disminuye. Si la plasticidad cerebral permite reentrenar al cerebro para volver a tolerar sonidos altos, la misma plasticidad cerebral puede hacer que el nivel de tolerancia baje.

Moldes hechos a medida
Moldes hechos a medida


La forma correcta de usar protección auditiva es utilizarla solo para protegerse de aquellos sonidos que nos pueden hacer recaer o producir algún daño auditivo, pero al mismo tiempo no dejar de escuchar, aunque solo sean unos instantes, aquellos sonidos cotidianos que nos molestan.

Veamos un ejemplo. Supongamos que nuestro nivel de tolerancia es tal que a los pocos minutos de ir en autobús notamos que nuestros oídos no aguantan más, y comprobamos al finalizar el viaje que nuestros oídos han quedado más sensibles y doloridos. Ante esta situación, la decisión lógica sería usar protección auditiva cada vez que vayamos a coger un autobús, pues así tendremos la tranquilidad de que vamos a poder realizar el viaje entero sin problemas y sin tener que preocuparnos del ruido. Y como vemos que esto ha funcionado, extendemos esta decisión a cualquier otra situación del día a día en la que nuestros oídos puedan estar en peligro. Sin embargo, esto es un error. De esta forma estamos fijando en el cerebro el umbral de volumen más alto que podemos tolerar a aquellos sonidos más altos que escuchamos sin tapones, es decir, estamos agravando nuestra hiperacusia. Así pues, volviendo al ejemplo anterior, lo correcto sería exponerse al ruido del autobús sin protección auditiva y aguantar tanto como podamos, hasta notar que exponerse más tiempo podría hacer disminuir nuestro nivel de tolerancia o provocarnos dolor. Una vez llegado ese momento, sí que habría que usar protección auditiva para evitar los problemas que suponen la sobreexposición. Evitar la sobreprotección es una de las claves para que la hiperacusia no empeore.

No obstante, esta forma de proceder puede suponer otro problema. El estar pendiente constantemente del ruido que nos rodea y estar poniéndonos y quitándonos los tapones una y otra vez puede ser estresante y agotador. Hay que tratar de no llegar a este punto, no hay que obsesionarse y tratar de controlar cada una de las situaciones del día a día en las que nuestros oídos puedan estar indebidamente expuestos, pues esa hipervigilancia del sonido puede contribuir al desarrollo de fonofobia. Si hay que escoger entre exponerse o protegerse durante unas horas para evitar ese estrés, siempre será mejor protegerse y quedarse tranquilo, pues en otro momento del día se puede compensar el tiempo que se ha usado protección auditiva exponiéndose a otros sonidos de forma controlada, mientras que por el contrario una sobreexposición puede provocar una recaída de la que tardemos mucho en recuperarnos.

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